La traducción audiovisual también lucha contra la piratería

Por Ariadna Cañameras.

El sector de la traducción en el sector audiovisual se reivindica: son una parte fundamental en el proceso de producción de una película o una serie, pero son los que tienen menos visibilidad. Para que veamos una película en el cine o una serie en la televisión debe haber alguien que la traduzca -para su posterior doblaje-, alguien que ajuste la traducción a la imagen o que elabore los subtítulos de las versiones originales. Si la piratería está afectando a la industria audiovisual, el sector de la traducción también se ve damnificado. Si en la red podemos encontrar películas y series de forma ilegal, también podemos descargar los subtítulos que las acompañan. Aun así, este factor “no afecta en cuanto a número de proyectos, porque el cliente tiene claro qué nivel de calidad quiere para su producto”, afirma Yolanda Antón, una de las organizadoras de CITA 4 (Conferencia Internacional de Traducción Audiovisual). Pese a que se pirateen esas creaciones, las productoras seguirán demandando esas traducciones hechas por profesionales, o debería ser así.

 

La piratería sí afecta a las condiciones de trabajo de los traductores, “cada vez más precarias”, apunta Natalia Gascón, una de las organizadoras de los Premios ATRAE. La consecuencia más directa se ve en los plazos: “estamos obligados a tener un producto subtitulado casi al mismo tiempo que se está emitiendo en Estados Unidos, o al día siguiente”, dice Antón. Para evitar que alguien pueda subtitular antes las producciones, los plazos se acortan. “Tenemos que estar trabajando prácticamente de guardia: más de uno se tiene que pasar la noche trabajando para que se pueda emitir al día siguiente”, añade Gascón. La competencia son los propios seguidores. El miedo de las productoras a que sus creaciones sean pirateadas también influye en las condiciones del proceso de traducción: pese a tener firmado un contrato de confidencialidad, las imágenes que les mandan llegan “con marcas de agua, pixeladas, en blanco y negro o incluso en algunas sólo se ven las bocas de los intérpretes”, dice Gascón, aunque tanto ella como Antón lo ven “comprensible”. Para algunas grandes producciones, los traductores se ven obligados a trabajar en el mismo estudio de doblaje porque el material “no puede salir de las instalaciones”, explica Antón. El fenómeno de fans que se dedican a subtitular sus producciones favoritas nació con la serie de anime ‘Death Note’, cuentan las portavoces, puesto que no existía otra alternativa en España para seguir la serie. Según recuerdan, la industria de la traducción audiovisual tuvo dos puntos de inflexión: la llegada de las televisiones privadas -que compraban producciones de otros países que se tenían que traducir- y la creación de plataformas digitales, como Netflix -que “dan respuesta a un público que demanda, cada vez más, contenidos en versión original subtitulada”.

Cada vez hay más producciones, lo que equivale a más trabajo de traducción. En un futuro, este sector pretende mejorar sus condiciones laborales y su supervivencia estará vinculada a “la confianza de las productoras” para que contraten sus servicios, explica Antón. “El amateurismo ha provocado que la opinión pública crea que todo el mundo puede traducir, pero no es así”, sentencia Gascón.

 

Copyright: Disponible en http://www.elmundo.es/cataluna/2016/10/19/5807821ee5fdea6f4c8b45d2.html
Fecha de Consulta: 13 de junio 2017

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