El doblaje en la Argentina

Español rioplatense y español neutro

¿De qué estamos hablando? Acento neutro y castellano neutro

Por Sebastián Arias

Salvador Nájar nos dice en su libro El doblaje de voz: «El acento neutro es fácilmente confundible con otra norma de la misma época (1929), el castellano neutro, que no se refiere al acento de los actores, sino al lenguaje utilizado por ellos, al uso de un idioma castellano pretendidamente universal, que selecciona las palabras y nombres más comprensibles para todos o para la mayoría de los países donde se habla dicha lengua».

El acento neutro se utiliza con el fin de eliminar los rasgos fonológicos regionales de quienes hablamos en español, es decir, para que podamos escuchar algo que no evidencie territorialidad; de alguna manera, es lo opuesto al acento local. Por ejemplo, si se trata de un doblaje, que no sepamos si las voces que oímos son de la Argentina, México, Venezuela, Colombia, etcétera. Obviamente, dejamos de lado el español ibérico o los dialectos de España.

Un actor de doblaje mexicano, Ortos Soyuz, conocido entre otras cosas por ser la voz de Manny, en Manny a la obra, es el creador de un «método para la neutralización del acento».

Más allá de lo rimbombante del título, y de que en su web se refiere a su aplicación como la «neutralización de personas», cito de su página:

Hablar de acento neutro resulta un tanto pretencioso y de hecho poco preciso, pues siempre habrá un referente acústico que para el oyente resulte más o menos neutro dependiendo de una referencia personal. En realidad al referirnos a la «neutralización de acento» hablamos de la emisión excepcional fónica colocada de manera precisa, dependiendo el requerimiento particular (A nivel geográfico o caracterológico) permitiendo que el sonido sea «eufónico» es decir bueno, en el sentido de equilibrio, con una sonoridad agradable al oído y que sea funcional para las necesidades requeridas del estudiante o profesional.

En cambio, el castellano neutro, mal llamado «español neutro», se refiere a otra cosa. Como dice más arriba, se lo emplea para lograr «un castellano pretendidamente universal», cuidando la elección de las palabras utilizadas. Se tiene en cuenta que una misma palabra puede significar otra cosa en un país vecino o que quizás ni siquiera se sepa de qué estamos hablando. Incluso se corre el riesgo de que algo inofensivo para nosotros pueda ser ofensivo para el resto, y viceversa. (Busquen en Google cómo son los tornillos en México o qué entienden por papaya también en México o en Cuba, o imagínense la risa que debe haber causado en Colombia el estreno de la película de Disney conocida como Bichos).

De todo lo anterior, ¿qué podemos deducir? Que el neutro es una convención, tanto el acento utilizado como los términos elegidos. Una convención más, como tantas otras que existen en el cine. Por ejemplo, que las explosiones tengan fuego en el espacio y se vean grandilocuentes, a pesar de la falta de oxígeno; o que, aunque la película transcurra en Rusia, Alemania o Bangladesh, todos los protagonistas hablen perfecto inglés. Esas cuestiones están instauradas y nadie las discute.

Pero, además, como en todo lenguaje, existe una evolución. Esta convención, obviamente, muta, se actualiza, se modifica.

Antes de internet, era probable que, si en un país no le decían de esa forma, no se entendiese qué significaba una gaseosa, o un inodoro, pero hoy la solución es inmediata y siempre hay un contexto que termina de completar la idea, y todos comprendemos de qué se trata.

Otro ejemplo: el hecho de que en México se encuentre la mayor industria de doblaje trajo como consecuencia la aparición progresiva en sus doblajes de regionalismos o términos propios. Expresiones como chido, chavo, cuate, güey, órale y tantísimas otras, cuya comprensión, si bien en la Argentina no sabemos exactamente qué quieren decir, no genera un problema.

Muchos de mi generación crecimos escuchando al Chavo del 8 y sus tortas de jamón o la falta de pago de la renta, y sin embargo eso no me trajo problemas con el alquiler ni con mi alimentación.

Tengo un nene chiquito y casi todo lo que ve está doblado en español neutro y, como le ocurre a la mayoría, se la pasa hablando con ese acento y esa terminología. ¿Ustedes creen que hay algún problema con eso?

Las preferencias personales o las implicancias ideológicas o culturales de esto son tema de debate para otra ocasión. Solo una nota de color: ¿sabían que en la película de los Simpson hay una línea en la que Krusty dice: «¡Si encuentran una hamburguesa más grasosa, les daré un premio!»? Bueno, en el original dice: If you can find a greasier sandwich, you’re in Mexico! («¡Si encuentran una hamburguesa más grasosa, están en México!»). (Extraído del muy recomendable sitio http://simpsonitos.wordpress.com/).

El doblaje con mexicanismos y una adaptación más libre es una tendencia que se escucha en sus doblajes para Latinoamérica y que motivó que se hicieran incluso versiones solo para México. Y, como contrapartida, ya hubo extremos en donde el doblaje solo tuvo aceptación dentro de su territorio, pero motivó quejas en otros países, algo que pasó, por ejemplo, con la película Hangover.

Salvador Nájar nos dice, refiriéndose esta vez al castellano neutro:

Pero su práctica, cuando ha sido llevada a cabo con poco presupuesto, con prisa o por personas de escasa o nula preparación y talento —quienes por pereza intelectual o incapacidad solo intentan esquematizarlo todo, repitiendo en forma rigurosa y sin criterio las pocas lecciones copiadas al vuelo—, ha dado pie a un producto de lo más extraño.

Se trata de un lenguaje especial que llega a ser comprendido y relacionado con el idioma que se escucha, sí, pero que, al mismo tiempo, resulta un lenguaje ajeno a todos los países y todas las formas conocidas de hablar ese mismo idioma, el que simplemente debería ser un castellano culto. En cambio, ese otro lenguaje raro, ha terminado por ser un dialecto particular, propio de solo el doblaje de transferencia lingüística; un fenómeno general de traducción devaluada que se manifiesta en todo el mundo y no únicamente en el doblaje a nuestra lengua.

A esto se suman determinadas decisiones del cliente o confusiones que se generan acerca de este dialecto particular.

Eso dio lugar a un diccionario con términos vedados y palabras que entran y salen siguiendo infinidad de criterios distintos. Un problema importante que vi reflejado en las traducciones durante muchísimo tiempo fue la creencia errada y totalmente fuera de lugar de que el neutro no aceptaba diminutivos o superlativos.

Para resumir, el neutro como tal no se habla en ninguna parte y es solo una convención, y es por esa cualidad que podemos «comprar» la fantasía de que se hable así, sin importar dónde transcurre la historia.

Ahora veamos qué pasa cuando no escuchamos este español neutro y empieza a asomar el español rioplatense.

Dentro de esta convención es donde puede funcionar, por ejemplo, que las palomas de la película animada Bolt hablen en argentino (con las voces de algunos miembros de Les Luthiers) o que ciertos vecinos de Manny a la obra tengan también este acento, o que en PakaPaka me cuenten la historia de San Martín en dibujitos, donde se habla de la misma manera.

Incluso nos es más llevadero un documental donde el narrador en off nos habla en español «rioplatense» acerca de la capacidad de organización que tienen las hormigas o cosas por el estilo.

Desde sus inicios, el canal argentino Encuentro tiene como premisa el doblaje al «español rioplatense» o «argentino neutro», que, según dicen los pliegos del canal que figuran en internet, tienen como características «el uso del voseo, su forma particular de yeísmo y un patrón de entonación marcadamente rítmico». Una decisión tomada porque el canal dice que esta es «la variedad dialectal del español hablada en la mayor parte del territorio de la República Argentina».

Pero pensemos en este ejemplo: una persona está en medio de un entorno muy determinado, como puede ser, no sé, un laboratorio científico de la NASA, y la traducción simultánea o voiceover tiene acento del Río de la Plata. Empieza a resultar extraño, ¿no? Y ni hablar si se trata de una ficción, y ya no escuchamos el idioma original, sino que el audio ha sido totalmente reemplazado por una voz con ese acento.

Si una película, que precisamente no sabemos dónde transcurre, la escuchamos con tonada del Río de la Plata, enseguida, como una suerte de GPS mental, nos va anclar a un lugar particular. Y si, además, ese lugar no tiene nada que ver con la película, no hace más que agrandar el efecto de distancia con lo que estamos viendo.

Es decir, si la fantasía del relato nos muestra un lugar que no podemos definir a priori, este efecto quizá no es tan molesto. Vean este ejemplo:

Pero ¿qué pasa cuando el relato va claramente por otro lado?

Un ejemplo claro es el de la película de Pixar Los Increíbles. En esta película, que afortunadamente cuenta también con un «doblaje latino», podemos escuchar en «argentino» tanto el acento como las palabras, con el agravante de que se tomaron la licencia de agregar referencias como «la calle Corrientes» o expresiones como estar en el horno.

A este proceso se lo llama localización. Copio textualmente algo encontrado en un foro (no es de mi autoría):

Con ciertas películas, series o textos, los traductores del guion se toman la libertad de localizar el lenguaje, adaptarlo a los modismos del país para el que lo hacen, pues esperan hacerlo más entendible de ese modo para el público. Y es que, como dice Legen Dario, el doblaje de por sí hace que se pierdan la gracia y naturalidad del original, por los juegos de palabras, intenciones, etc. Un ejemplo que se me ocurre ahora mismo es, en Beauty and the Beast, el reloj (cuyo nombre no recuerdo) hace el siguiente chiste: «If it’s Baroque, don’t fix it!». ¿Cómo pondrían eso en castellano? O cuando Ham dice, en Toy Story 3 (y todos deben conocer esta, porque salía en los trailers), «Return of the Astro-nuts». Son cosas que se pierden totalmente en un doblaje neutro o, si se intenta adaptar, se arruina por lo antinatural que resulta.

En mi opinión, es del tipo de decisión que atenta contra la estética elegida para la película. Una cosa es adaptar ciertas cosas para que sean acordes con la idiosincrasia de los latinoamericanos, otra muy distinta es hacer lo que se te ocurra con el guion.

Cuando empezó la tendencia a hacer doblajes en su versión argentina (Cars, Ratatouille, Los Increíbles, entre otras), estaba convencido de que era solo un problema cultural el hecho de que nos molestara, sumado a que llevamos mucho tiempo escuchando otra cosa. Pero después de este análisis creo que depende de muchos factores.

Si el doblaje está bien hecho, y en su localización se es fiel al material original, creo que es una cuestión de gustos la preferencia por el neutro o el rioplatense. Preferencias del público y, en primera instancia, del cliente.

Sebastián Arias

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Por Sebastián Arias

Fecha de consulta: 5 de octubre de 2017

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