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Las peores traducciones que hayas visto en cómics

Por Gabriel Fuentes.

Estoy casi seguro de que no son pocos los traductores que se despiertan en medio de la madrugada rememorando en su mente la voz estridente de alguna profesora de traducción diciendo una frase como «¡No se traducen los nombres!». Nadie sabe cómo ni por qué esos docentes gritaban ese mantra en lugar de comunicarlo en una voz regular, y puede que nadie más que quien escribe tenga ese recuerdo de sus días de estudiante, pero lo cierto es que esa premisa de no traducir nombres nos quedó grabada a fuego desde los inicios de nuestras carreras, aunque esto no siempre fue así.

El fenómeno de los cómics y los superhéroes es mucho más longevo de lo que normalmente se cree, particularmente, en territorio americano, donde la aventura de la historieta extranjera comienza a formarse a principios de la década de los cincuenta en tierras mexicanas con la editorial Novaro.

Fue esa misma empresa la que se encargó de llevar a México y otros países de habla hispana (en nuestro país la importación de Novaro la hacía una empresa conocida como Distribuidora Acme) a los principales personajes de los cómics de aquella época en las dos primeras etapas de esa industria, las denominadas Golden y Silver Age.

En sus comienzos, las traducciones de aquellas aventuras de personajes como Superman, Batman, Linterna Verde y otros gozaban de una muy buena calidad, mayormente porque las letras de cada viñeta estaban hechas a mano, algo que permitía jugar más con los espacios y las distancias entre caracteres en cada globo. Sin embargo, la Comisión Calificadora de Revistas y Publicaciones Ilustradas (integrada por miembros de la Secretaría de Educación Pública de México) concluyó un buen día que la letra realizada a mano dañaba la vista de los niños, por lo que todo el trabajo de letras pasó a hacerse a máquina con espacios más reducidos, una dificultad que los traductores no supieron sortear y que frecuentemente se reflejaba en un texto que alteraba el argumento de la historia hasta el punto de no entenderse en absoluto.

La traducción cuestionable no se detuvo en la narrativa en sí, sino que decidió avanzar un paso más allá y alcanzar un punto cuasisagrado para los traductores profesionales: traducir los nombres. De aquellos días y gracias a la editorial Novaro es que aún hoy Bruce Wayne es conocido por estos lados también como Bruno Díaz, y Dick Grayson, el primer Robin, obtuvo el nombre de Ricardo Tapia. Pero esto es solo una lágrima en un llanto de ofensas a la traducción toda. A continuación, algunas de las opciones más «interesantes» que se imprimieron por aquellos años.

Diana Prince, Wonder Woman, pasó a llamarse Diana Pérez y su nombre de superheroína inicialmente fue Marvila (de hecho, creo recordar que en la serie de TV protagonizada por Lynda Carter se la mencionaba así en el doblaje latinoamericano), aunque después sí se llamó Mujer Maravilla. Otra de las amazonas de DC, Donna Troy, Wonder Girl, recibió su hispanidad llamándose Dina Rosas.

Hal Jordan, el primer Linterna Verde del sector 2814, se convirtió en Raúl Jordán (también el primer superhéroe con nombre que bien podría ser el del portero de tu edificio). Cuando Guy Gardner llegó para sumarse a los Green Lantern Corps lo hizo en estas tierras con el nombre de Gil Galarza (sin lazos de sangre con Nahir).

Barry Allen, Flash, fue rebautizado como Bruno Alba (la creatividad no conocía límites). Jay Garrick, el Flash de Tierra 2, apareció como Jorge Forcada, y Wally West, el tercer Flash que reemplazaría a Allen por un buen tiempo, se llevó el estelar nombre hispano de Carlos Vela.

El universo de Flecha Verde tampoco quedaría impoluto. Es así como el propio superhéroe, Oliver Queen, sería conocido como Oliverio Reina. Su compañero Roy Harper, Speedy, se llevaría un renombramiento incluso peor: Tito Gasca, Veloz. Dinah Lance, Black Canary, la heroína que sería esposa de Queen, se transformó en Diana Ríos.

Jack Ryder, The Creeper, cruzó la frontera para ser Juan Reyes, La Cobra (que bien podría ser cualquier presentación de fin de semana en Tropitango).

Mr. Miracle, Scott Free, fue Maxisol, u Oscar el Liberal (juro que no estoy inventando esto), y Darkseid con mucho coraje se transformó en Morus o en Oscuranto, según quién traducía, porque en esa época no existían las bases terminológicas ni los glosarios, ni tampoco la coherencia, se ve.

¿Y qué pasó con Marvel?

La creatividad despiadada y sin control a la hora de traducir nombres no se limitó solo a DC, sino que también se expandió a su competidora, Marvel. A continuación, algunos ejemplos más que ilustrativos.

Spider-Man también fue llamado El Araña, mientras que Peter Parker, su identidad secreta, empezó siendo Pedro Márquez. Como dato curioso, se puede decir que J. Jonah Jameson, el quejoso jefe de Peter, en Colombia fue Paco Pluma, que hacía las veces de editor en El Chismoso (Daily Bugle) en un único cómic de Carvajal S. A. En ese mismo país, Mary Jane Watson, novia de Peter Parker, era también María Juana.

Mención especial merecen los Cuatro Fantásticos: Reed Richards, Sue Storm, Johnny Storm y Ben Grimm fueron Enrique Ricardo, Susana Sánchez, Juan Sánchez y Benito Gris, respectivamente. Vuelvo a insistir en que esto es real y no me lo estoy inventando.

Logan, o Wolverine, como se lo conoce dentro de los X-Men, fue Leonardo, aunque en los Hombres X se lo llamaba Glotón. El personaje también se llamó Guepardo, Lobezno, y hasta adquirió el mote de Aguja Dinámica.

Frank Castle, Punisher, fue también El Matón, y Daredevil, Demónico, algo que cerraba bien con al menos una de las «D» que llevaba el personaje en el pecho, aunque en España se había decantado originalmente por Dan Defensor (no hay remate). En el doblaje de la serie de Spider-Man a fines de los noventa, se adaptó el nombre como Drago Dragón.

Si bien al día de hoy consideramos estas prácticas una aberración con tintes cómicos, es válido destacar que muchos de estos nombres de antaño continúan siendo parte de las adaptaciones multimediales de superhéroes muy conocidos al día de hoy, lo que dice mucho de la influencia que tuvieron aquellos primeros intentos de adaptar a los superhéroes foráneos a una cultura hispanoamericana.

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