Por Gabriel Fuentes.

A finales de la década de los ochenta, cuando aún no había internet, Alemania estaba dividida en dos y en la primera división del fútbol argentino agonizaba Mandiyú de Corrientes, podías ir a tu puesto de diarios cercano y por unos quince mil australes comprarte un cómic de algunos de tus personajes favoritos de DC, todo esto gracias al acuerdo de editorial Perfil con la marca estadounidense responsable por Green Lantern, Superman, Batman y tantos otros íconos de la industria.

La traducción de los textos estaba a cargo de Andrés Accorsi, me atrevo a decir que un verdadero pilar y conocedor de la historieta en nuestro país, que incluso se dio el lujo de entrevistar al hoy cancelado Neal Gaiman cuando visitó la Argentina en la cima del éxito por su trabajo en Sandman.

El trabajo de Accorsi era bueno en tiempos en que la traducción era joven en nuestro país para este tipo de medio, y se mantuvo estable hasta que Perfil decidió incorporar al velocista escarlata, Flash, que aquí durante aquellos años tuvo otro nombre, al menos en la portada de cada edición: FLUSH MAN.

«Pero ¿cómo puede ser que le hayan cambiado el nombre de esa forma? ¿Habían aspirado Poxyran?», te estarás preguntando, y lo mismo hicieron todas las personas que consumían cómics en la Argentina en aquella época. Y no solo se lo preguntaron; en una era en donde las redes sociales no eran siquiera un concepto, las personas se volcaron a expresar su disgusto en masa con cartas cuya prosa reflejaba los insultos más exquisitos de aquella época. En esa poesía cargada de referencias a familiares de empleados de la editorial, el blanco principal de los agravios era quien figuraba como traductor, el bueno de Andrés Accorsi, que era el principal apuntado de haber tomado esa insólita decisión del cambio de nombre. Poco sabíamos en aquella época que él también era una víctima más. Entonces, ¿qué sucedió?

En la redacción de Perfil todos habían acordado que el nombre Flash no se iba a traducir, pero el veloz superhéroe se enfrentó entonces a un enemigo imposible de derrotar: la burocracia y la estupidez nacional. Por aquellos días, la editorial Sarmiento (más conocida por publicar el diario Crónica), rival acérrima de Perfil, tenía una revista de chimentos llamada Flash y, dado que ambos grupos editoriales llevaban años demandándose entre sí, Perfil decidió evitar el conflicto y encargó que se buscase una forma de variar el nombre, para lo cual Accorsi presentó algunas opciones, a mi entender, bastante acertadas:

• Las nuevas aventuras de Flash
• Universo DC presenta: Flash
• El nuevo Flash
• El Rayo
• El Relámpago

Sin embargo, cuando llegó el diseño de tapa que se había enviado a imprenta, vio no sin mucho horror que el logo rezaba Flush Man. Cuando preguntó quién había tomado esa decisión, le comunicaron que uno de los jefes de la editorial había pensado esa opción porque «sonaba parecido».

Accorsi se tomó el trabajo de dejar el nombre Flash cada vez que nombraban al personaje dentro de la historia del cómic, algo que no hacía las delicias del editor, que en algún punto se cansó de realizar las modificaciones. La tapa continuó con ese nombre horrendo y fue una de las causas de que las ventas iniciales fuesen tan lentas y solo llegasen a repuntar después del número 20 de la colección, que duró desde septiembre de 1991 hasta abril de 1995.

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