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«The First Slam Dunk»: un tiro de tres puntos entre Goliats y lentes

Por Gabriel I. Fuentes.

En la marea de las grandes tiras de anime que llegaron a las costas argentinas en la década de los noventa, apareció Slam Dunk. La animación, basada en el manga de Takehiro Inoue, narraba la historia de un muy peculiar equipo de básquet de una secundaria japonesa, centrándose, mayormente, en Hanamichi Sakuragi, un joven tan pendenciero como entrañable, cuyo máximo logro hasta el comienzo de la historia es haber sido rechazado por una impresionante variedad de mujeres durante su vida de adolescente y que, justamente por un nuevo amor, decide jugar al básquet sin tener demasiado talento.

Todos somos Hanamichi.

Las personas que siguieron las desventuras amorosas de Hanamichi en el anime de Slam Dunk y vivieron palmo a palmo cada tanto, rebote, triunfo y derrota de la secundaria Shohoku, todo esto sin haber leído el manga, se preguntaron por años qué fue lo que pasó en el torneo nacional, ya que la animación jamás adaptó ese arco tan trascendental del manga, que le da cierto fin a la historia. Esta respuesta en formato animado llegaría muchísimos años más tarde, concretamente en 2022, con el estreno de The First Slam Dunk, una película que se estrenó en los cines argentinos con gran éxito y recaudó 279 millones de dólares en todo el mundo, lo que la convirtió en la quinta película de anime más taquillera de todos los tiempos.

Una producción que te invita a reír.

La película se aleja un poco de la atmósfera más descontracturada del manga y el anime para contar la tragedia familiar de Ryota Miyagi, el base del equipo, y su duro camino hasta llegar al partido contra el equipo de Sannoh, los campeones por vencer. El ritmo del largometraje cambia entre los pausados flashbacks de Ryota, que sirven de nexo conector para las personas que nunca vieron la serie (aunque lejos están de ser suficientes), con momentos verdaderamente muy tristes, y el paso más vertiginoso del partido en sí, con grandes momentos cómicos protagonizados, mayormente, por el pelirrojo Hanamichi.

Más allá del excelente trabajo que Toei realizó con la película, la crítica se vuelve muchísimo más dura cuando llega la hora de hablar del subtitulado en español latinoamericano. Las opciones que el equipo de profesionales eligió, o fue forzado a elegir, en muchos casos, distan bastante de sonar bien o natural, y no solo para el territorio argentino.

Una muestra de esto ya se aprecia en las primeras escenas, en donde un joven Ryota disputa un partido uno contra uno con su hermano Sota y el más pequeño de los Miyagui le dice: «Seré un regular». Claro está que su ambición no es ser un jugador apenas normal, sino que lo que anhela es ser «titular», es decir, estar entre los cinco jugadores que no entran desde el banco de suplentes.

Claro que sí, Ryota.

Por otro lado, la adaptación del guion dejó algunas marcas culturales japonesas que denotan esa deferencia entre personajes de años mayores o menores e incluso entre estudiantes y entrenadores. Así, aparecen los tratamientos -san, -kun y -chan al lado del nombre, algo ausente en la adaptación latinoamericana del anime regular y que, particularmente en el caso de Slam Dunk, a mi entender, no tiene mucho sentido, dada la irreverencia natural de la mayoría de los personajes.

Adicionalmente, el subtitulado apela a llamar a personajes como Akagi (el capitán) «don», algo que suena muy extraño en el medio de una cancha de básquet dentro de un contexto japonés y que contrasta a todas luces con las marcas culturales que se nombran en el párrafo de arriba, lo que convierte a la mezcla en un cambalache extravagante si se analiza como un todo. Quizás, la solución hubiese sido simplemente utilizar «capitán» en ciertas ocasiones.

«Don», dijo nadie nunca en una cancha de básquet.

Todo listo para un posible público hecho de cristal

Sin embargo, la parte más polémica fue la adaptación absurda de ciertos apodos que eran clave en la historia y que, de alguna manera, establecían la relación entre algunos protagonistas y delineaban su personalidad. Hanamichi, por ejemplo, siempre apodó a rivales y compañeros de equipo sin piedad ni miramientos. A Kaede Rukawa, su principal rival en el equipo, lo denominaba «zorro»; a Nobunaga Kiyota, del equipo Kainan, «mono»; y al capitán de ese equipo, Shinichi Maki, «viejo», por parecer más grande que el resto, entre muchos más. Más allá del toque gracioso, este comportamiento también habla de la psicología del protagonista y de cómo enfrenta sus propias inseguridades, algo que cambió radicalmente en la película con reemplazos adaptados a una era que apuesta a que nadie se ofenda, sin tener en cuenta todo un marco adicional.

Un apodo que el propio receptor lleva en su remera, pero que puede ofender (¿?).

Akagi, el capitán del equipo y hermano del interés amoroso de Hanamichi, es un gigante obsesionado con el básquet; dados su tamaño y su apariencia, y a modo de burla, Sakuragi lo apodó «gorila», algo que no le agrada al propio capitán y a menudo deriva en golpes o gritos y crea una marca para lo que es la narrativa. Algún directivo detrás de la producción de The First Slam Dunk, sin embargo, consideró que este apodo podría resultar ofensivo y racista, por lo que decidió por coincidencia fonética reemplazar «gorila» por «Goliat», y esto hace perder totalmente el punto de la burla, porque nadie podría enojarse por recibir ese apodo, entre otras connotaciones.

Lo mismo pasa con Kogure, uno de los personajes secundarios, quien usa anteojos y al que Hanamichi le dice «cuatro ojos» o megane en japonés (de hecho, en una parte de la película Kogure tiene una remera con la leyenda megane), que aquí decidieron cambiar por «lentes», lo que da pie a referencias y menciones en diálogos durante la película que no tienen ningún sentido.

Podría marcar también algunos errores de tipeo que se les pasaron por alto a todos y aterrizaron en el material final en el cine y en Netflix sin pudor, algunas ausencias de itálicas y algunos detalles más; pero, más allá de todo este compendio de errores y omisiones, la película vale muchísimo la pena, es una lástima que, desde el lugar de los que decidieron realizar la adaptación, no se hayan tenido en cuenta muchísimas cosas, en especial, a los fans que llevaban más de dos décadas esperando ver este final.

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